Por curiosidad

sábado, febrero 10, 2007

Vallés y la diferencia entre el talento precoz y una trayectoria prematura

Foto: Diario Sport
Ha faltado tiempo para que desde algunos sectores de la prensa española se descorcharan botellas de cava celebrando la noticia. Y, desgraciadamente, quizá no sea oro todo lo que reluzca tras un puesto de cuarto piloto de pruebas en una escudería modesta. Basta con preguntarse cuántas jornadas de pruebas ha realizado Spyker durante esta pretemporada, o los kilómetros que estará en disposición de recorrer el piloto valenciano, si tiene que compartir coche con otras tres personas. Dicho lo cual, no deja de resultar esperanzador que aparezca un relevo para De La Rosa o Gené, cuya continuidad en la máxima categoría a medio plazo es más que dudosa, por un motivo tan absurdo y cruel como el de su edad. La disputa generacional, esto es, las ventajas que ofrece la participación de un piloto joven frente a otro veterano en la F1, ha sido un tema de discusión frecuente en los últimos tiempos entre aficionados y profesionales del mundillo. Parece como si los jefes de equipo tuviesen el deseo, casi enfermizo, de encontrar al nuevo niño prodigio que pase a la historia del deporte, como el simple ciudadano que juega a la lotería asiduamente, con la excusa de que una mayor frecuencia en la apuesta aumenta las ocasiones de acertar, aunque el único hecho objetivo es que el gasto se incrementa paulatinamente hasta el momento, más posible que probable, de obtener un retorno ( Frank Williams, en Ansia de ganar, de Matt Bishop, publicado en el número 23 de la edición española de la revista F1 Racing: [...] Lo que hay que recordar es el viernes por la mañana, primeros entrenamientos, Bélgica 91. Ese día ha estado escociendo en la memoria de todo el mundo - y, desde entonces, he comprendido que hay que buscar pilotos todo el tiempo. ). Si el señor Williams hiciese memoria se encontraría con que, por ejemplo, Niki Lauda debutó en Austria 1971 o Alain Prost en Argentina 1980 ( aunque dada la competencia que tuvieron éstos, puede ser más que discutible la condición de pilotos dominadores de su época, el apelativo grandes campeones ofrecería menos dudas ), con lo que se deduce que el intervalo de tiempo necesario para que aparezca un genio de la lámpara de Ecclestone se aproxima a la década. Con estos antecedentes y teniendo en cuenta que la primera carrera de F1 del último bicampeón fue Australia 2001, quizá falten dos o tres años para que su heredero comience a destacar en categorías menores. Entonces no sería razonable minusvalorar a pilotos que sobrepasen los 25 años. Pero volviendo al caso de Vallés, es interesante aclarar si las esperanzas que pueda tener, de continuidad en Spyker o en cualquier otro equipo, son fundadas o se ha colocado en el borde de un precipicio, deportivamente hablando. A sus 20 años, apenas tiene seis de experiencia en monoplazas, cuando Gené llegó a Minardi tenía un año más de bagaje, pero había estado dos temporadas en la F3 británica, ganó en 1996 la Golden Cup FISA Superformula, compitió en F3000 al año siguiente y pudo ganar la Nissan justo después. El historial de De La Rosa antes de llegar a Jordan en 1998 casi ni hace falta recordarlo, otras dos campañas en las islas antes de vencer en la F3 japonesa, y dos más en la Nippon y el campeonato de GT. Ojalá que con tres años, entre World Series Light y su categoría mayor, y el paso por la GP2, Adrián pueda, en sus escasas oportunidades, demostrar tener consistencia, ritmo, velocidad pura o habilidad para la puesta a punto. De todas maneras, siempre tendrá la opción del DTM o del WTCC, como sus coetáneos Félix Porteiro y Sergio Hernández ( incluso emigrar a Estados Unidos siguiendo la senda de Oriol Servià ). Mucha suerte para él, con el tiempo se comprobará si estamos ante un talento precoz o un nuevo ejemplo de, lamentablemente, trayectoria prematura.